Los microplásticos que comemos

Los microplásticos que comemos

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La presencia de microplásticos en los alimentos es un riesgo de seguridad alimentaria con relevantes brechas de conocimiento todavía, que no permiten formular conclusiones definitivas sobre la importancia de estas partículas para la salud pública. El documento de la FAO "Contaminación por microplásticos en la cadena de valor de los alimentos" recopila el conocimiento más actual sobre este tema. 


 

Microplásticos ¿un peligro de seguridad alimentaria?

Los microplásticos se están empezando a contemplar como una amenaza para la inocuidad de los alimentos, a pesar de que la evaluación de riesgos en este sentido es todavía muy incipiente y falta información cualitativa y cuantitativa para poderlos incluir como peligros potenciales en un plan de seguridad alimentaria.

Como consecuencia de su eliminación inadecuada, los plásticos que tienen su punto final de depósito en ambientes terrestres, de agua dulce y marinos pueden descomponerse en partículas más pequeñas, que generalmente se clasifican por tamaño como macro- (> 25 mm), meso- (25 mm–5 mm), micro (5 mm–0,1 µm) y nanoplásticos (< 0,1 µm).

De estas categorías de tamaño, los microplásticos y, en menor medida, los nanoplásticos han recibido una atención considerable en los debates sobre seguridad alimentaria, debido a su posible transferencia a lo largo de la cadena alimentaria y a su posterior posible impacto negativo en la salud humana.

Los microplásticos pueden entrar en la cadena de valor de los alimentos en todas las etapas, desde la producción primaria hasta el procesamiento, el envasado, el transporte/distribución, el consumo e incluso la eliminación. Sin embargo, existe una escasez de datos sobre su presencia en los alimentos. La mayoría de estudios disponibles se centran en los productos de la pesca y sólo algunos han investigado los niveles de contaminación en otro tipo de alimentos, como la sal, el agua, la miel o el azúcar. 

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Aunque en general la evidencia disponible sugiere concentraciones considerablemente bajas de micro y nanoplásticos en los alimentos, no se dispone por el momento de suficiente información sobre la toxicidad y la dinámica tóxica de estos contaminantes. 

Un estudio realizado en el 2019 estima que la cantidad anual de microplásticos ingeridos por una persona a través de los alimentos puede llegar a 52 000 MP/año, y que esta cantidad aumenta en zonas con un elevado consumo de pescado y marisco. Aunque, según datos de la EFSA (2016), se espera que el cuerpo humano elimine más del 90 por ciento de los micro y nanoplásticos ingeridos.

Las preocupaciones sobre su impacto potencialmente negativo en la salud pública son diversas. Por una parte por sus componentes químicos que, como plásticos, están hechos de cadenas poliméricas, que a su vez consisten en monómeros, algunos de los cuales pueden interactuar con moléculas biológicas al ingerirse.

Por otra parte, también preocupa el hecho de que algunos componentes de polímeros plásticos (como el cloruro de vinilo) son tóxicos, así como la posibilidad de que contengan residuos de otros productos químicos potencialmente nocivos utilizados en el proceso de fabricación del plástico, por ejemplo, bisfenol A y ftalatos.  Además, se ha observado que los microplásticos tienen el potencial de absorber del entorno circundante y concentrar diversos microorganismos patógenos considerados como riesgo para la seguridad alimentaria.

Microplásticos en la cadena de valor de los alimentos

La FAO ha publicado el documento "Contaminación por microplásticos en la cadena de valor de los alimentos" que aborda este problema de seguridad alimentaria a nivel global. En él se describe el conocimiento actualmente disponible sobre la presencia de microplásticos en alimentos y se analizan las diversas contribuciones de los suelos, las aguas de producción, los entornos de procesamiento de alimentos, la distribución y el entorno doméstico en la introducción o transferencia de microplásticos en la cadena de valor alimentaria o a lo largo de ella.

Por otra parte, plantea algunas deficiencias que dificultan el avance en la investigación de los microplásticos como peligros de seguridad alimentaria. Por ejemplo, el hecho de que en la actualidad las metodologías de muestreo, preparación de muestras y análisis de microplásticos en alimentos no están armonizadas ni estandarizadas, o que aún no se ha llegado a un consenso con respecto a la terminología empleada en las investigaciones sobre el tema, lo que dificulta la interpretación, comparación y valorización de los resultados de las investigaciones.

Se espera que la información provista en este documento apoye una comprensión más clara de la importancia de los (micro) plásticos en los alimentos para la seguridad alimentaria y contribuya a respaldar futuras evaluaciones de exposición, asi como al desarrollo de una legislación adecuada y de documentos de guía sobre producción, procesamiento, distribución y consumo de alimentos, en lo que respecta a la contaminación por microplásticos.

 

 

Garrido Gamarro, E. & Costanzo, V. 2022. Microplastics in food commodities – A food safety review on human exposure through dietary sources. Food Safety and Quality Series No. 18. Rome, FAO. https://doi.org/10.4060/ cc2392en

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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