pH y floculación en piscinas: ¿cómo se relacionan?

pH y floculación en piscinas: ¿cómo se relacionan?

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La eficacia de la floculación en piscinas está estrechamente condicionada por el pH del agua, hasta el punto de que este parámetro puede determinar el éxito o el fracaso del tratamiento. Tanto desviaciones hacia valores ácidos como básicos afectan negativamente a la formación de flóculos y, por tanto, a la eliminación de turbidez.

 

pH y floculación en piscinas: ¿cómo se relacionan?

El control de la turbidez del agua en las piscinas no depende únicamente de la filtración mecánica, sino de la correcta aplicación de procesos físico-químicos como la floculación. En este contexto, el pH del agua condiciona directamente la eficacia del tratamiento.

Aunque tanto el control del pH como la floculación se abordan habitualmente como operaciones independientes, en la práctica están estrechamente interrelacionadas. Un pH mal ajustado puede comprometer por completo el rendimiento del floculante, incluso cuando la dosificación es correcta. Vamos a ver este asunto con un poco más de detalle. 

Floculación y pH, ¿qué son?

La floculación consiste en la agregación de partículas coloidales y materia en suspensión en el agua de la piscina que, por su pequeño tamaño, no son retenidas eficazmente por los filtros. El proceso se realiza mediante la adición de productos químicos floculantes en el agua, que provocan la agrupación de las partículas suspendidas en el agua en grupos más grandes (flóculos) que son más fáciles de eliminar del agua.

Por otra parte, el pH es una medida de la acidez o alcalinidad del agua, que en piscinas se mantiene habitualmente en un rango de 7,2 a 7,6, tanto por razones de confort para los bañistas como para garantizar la eficacia del desinfectante. El rango de pH influye de forma decisiva en la química de los floculantes.

pH y floculación en piscinas

Relación entre el pH y la eficacia de la floculación

El efecto del pH sobre la floculación se explica en gran parte por la transformación química del propio floculante, especialmente en el caso de las sales metálicas. En condiciones adecuadas de pH del agua, al añadir floculantes a base de aluminio en la piscina se forman hidróxidos insolubles, como el hidróxido de aluminio (Al(OH)₃), que facilitan la agregación de las partículas diminutas en suspensión en coágulos mayores, que decantan al fondo o son retenidos por el filtro, clarificando el agua turbia.

Cuando el pH se encuentra en el intervalo óptimo, esta formación es eficiente y se obtienen flóculos densos, estables y fácilmente retenibles en el sistema de filtración. Sin embargo, pequeñas desviaciones pueden alterar significativamente este equilibrio y el floculante puede perder eficacia o incluso no funcionar en absoluto.

Por esto, es necesario verificar el rango de pH en el que el producto mantiene su eficacia, según las instrucciones del fabricante.

¿Qué ocurre si el pH no es el adecuado?

Si el pH del agua es demasiado bajo, el medio se vuelve excesivamente ácido y la formación de hidróxidos de aluminio insolubles se ve limitada. En estas condiciones se forman predominantemente compuestos solubles de aluminio, que generan flóculos débiles y poco estructurados, lo que dificulta su retención en el filtro. El resultado es una coagulación incompleta, con partículas que permanecen en suspensión y provocan una turbidez persistente del agua. 

En el extremo opuesto, un pH elevado favorece la formación de compuestos solubles de aluminio, lo que reduce de nuevo la disponibilidad de hidróxidos insolubles responsables de la floculación. En este caso, además, pueden aparecer precipitados finos del floculante que no sedimentan adecuadamente ni son retenidos con eficacia, generando un aspecto lechoso en el agua.

Desde el punto de vista operativo, esto implica que tanto valores demasiado bajos como altos de pH conducen a una pérdida de eficiencia del tratamiento de floculación.

Y, una floculación ineficaz no solo afecta a la turbidez del agua, sino que incrementa la materia orgánica en suspensión, lo que a su vez eleva la demanda de desinfectante. Esto se traduce en un mayor consumo de productos químicos y en una posible formación de subproductos de la desinfección no deseados.

pH y floculacion en piscinas

Control del pH en la floculación

Para evitar la pérdida de eficiencia del tratamiento de floculación, el ajuste del pH del agua es un paso previo imprescindible. Antes de dosificar cualquier floculante, es necesario verificar que el pH se encuentra dentro de un rango compatible con su eficacia.

En términos generales, los floculantes basados en aluminio presentan su mejor rendimiento en valores ligeramente inferiores al rango estándar de piscina, lo que en ocasiones justifica un ajuste fino del pH antes del tratamiento, especialmente en episodios de alta turbidez. Tras la dosificación del floculante es recomendable realizar un seguimiento del pH del agua para detectar desviaciones que puedan afectar a la formación y estabilidad de los flóculos.

Así pues, para garantizar la eficacia del floculante sería recomendable:

  • Medir el pH del agua y ajústarlo al rango ideal con un incrementador o reductor de pH, según sea necesario.
     
  • Medir la turbidez del agua, como referencia para saber si precisa más o menos floculante.
     
  • Aplicar el floculante, siguiendo las instrucciones del producto.
     
  • Asegurarse de que el filtro esté limpio y funcionando correctamente antes del tratamiento.

Es importante no aplicar más floculante del necesario, ya que el exceso puede saturar el agua y empeorar la turbidez.

Errores comunes en la gestión del pH y la floculación

Algunos de los errores más habituales son:

  • Aplicar el floculante sin haber corregido previamente el pH: en este caso es frecuente interpretar la falta de eficacia del tratamiento como un problema de dosificación, lo que conduce a sobredosificaciones innecesarias que no resuelven el problema de fondo.
     
  • Asumir que el rango de pH válido para la desinfección es automáticamente adecuado para la floculación: aunque existe solapamiento, los procesos no tienen exactamente las mismas condiciones óptimas, y en situaciones críticas puede ser necesario priorizar temporalmente la eficacia de la floculación.
     
  • La interpretación incorrecta de los problemas de turbidez puede llevar a diagnósticos erróneos: no toda agua turbia se resuelve con más floculante; en muchos casos, el origen del problema es un pH inadecuado, que impide la correcta formación del flóculo.

 

 

 

 

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